(Publicado en Revista Brando, enero 2013)
A los
55 años y alejado de cualquier bandera política, el gran actor argentino repasa
este momento social convulsionado y lanza algunas pistas de las que él
considera que son las falencias del ser nacional. Amor, escepticismo y
prudencia en la era del fanatismo ideológico.
Eran
agitados esos días de diciembre del encuentro con Darín. El 7D, como una suerte
de YDK -¿se acuerdan del colapso del mundo por el cambio de milenio?-, estaba a
la vuelta de la esquina. Nadie sabía demasiado qué consecuencias traería para
el hombre común ese día, esa ley, ese cambio, pero la presencia omnímoda de esa
fecha le daba a aquellas horas frenéticas un hálito de inminencia inquietante.
En ese panorama, posterior al cacerolazo del 8N, Darín se paraba como quien
quiere observar, y opinar, sobre dos ejércitos gritones que van a estrellarse
de frente.
Y no
era muy optimista:
Darín:
Están pasando cosas rarísimas. No se no es permitido pensar fuera de lo
establecido. Te dicen lo que tenés que pensar y en qué dirección, y si no estás
de acuerdo, sos un hijo de puta.
Brando:
El que disiente es enemigo.
Darín: ¡Están
todos locos! La locura y el enojo no dejan ver con claridad. El comienzo del
camino al fanatismo es éste. Creer que todo lo que no se alinea o no está en
armonía con su pensamiento se construye casi como el enemigo a eliminar. No a
vencer, a eliminar. Y eso me asusta.
A
mediados de 2012, Darín fue como invitado al programa televisivo TVR. El espacio,
alineado al Gobierno y cuya temática es la televisión misma, presentó un
informe en el que el periodista Jorge Lanata era demonizado, caricaturizado y
demás. Sereno y poco complaciente, cuando a Darín le tocó intervenir dejó bien
en claro que lo que había en el aire era una suerte de batalla entre dos grupos
de poder (Gobierno y Clarín) y que parecía que todos querían empujarnos a que
nos alineáramos con algún sector. “En cuanto a Lanata, bueno… Yo creo que él
debe estar muy dolido, debe estar enojado”.
Bastó
esa frase, y esa equidistancia, para que Darín, el popular Darín, el gran
actor, el presidente de jurados de festivales internacionales, el carismático,
el benefactor, cayera en la consideración implacable y crítica de algunos
comisarios de la verdad oficial, de alguna gente.
“La
historia de nuestro país está dividida entre Bocas y Rivers-, dice Darín
mientras hunde su cuchillo en una entraña a punto. En Buenos Aires se acaba de
caer el cielo, y como suele ocurrir cuando las tormentas duran horas, Palermo
se convierte por un rato en Venecia, no por su belleza precisamente. “Eso está
estrechamente relacionado –sigue Darín, desatado- con ese pensamiento de que
siempre va a haber alguien que nos va a salvar. Somos un país niño: necesitamos
un papá. Necesitamos a alguien que nos diga cómo se tienen que hacer las cosas.
Aparentemente no necesitamos que nos digan cómo se van a hacer las cosas. Sí el
qué. Cuando vino la democracia en el 83, después de toda esa serie de
frustraciones, la esperanza siempre fue, con cierta prudencia: ‘Bueno, tenemos
que transitar el ejercicio de la democracia para saber cómo funciona, de qué
manera, hasta qué punto somos capaces de ser tolerantes con el que no piensa
igual’. Parece que no aprendimos un sorete, porque es tan loco plantear, como
planteaban algunas minorías, ciertas actitudes intempestivas y anacrónicas,
como, del otro lado, creer que, porque te votó el 54% te la mandé a guardar,
báncatela, y te la tenés que fumar.
Brando:
El que no te vota es enemigo.
Darín: Eso
termina en quilombo. En las culturas más civilizadas cuando detectan a alguien
que no te vota, lo primero que hacen es seducirlo. No eliminarlo,
desacreditarlo, hacerlo mierda.
Brando:
Y en el mejor de los casos, escucharlo…
Darín:
Nooo, para eso falta mucho. Nosotros no nos escuchamos entre nosotros. Yo no sé
si van a escuchar lo que pasó el otro día (por el cacerolazo), pero fue una
cosa muy grosa. Fue mucha gente, mucha.
Sentado
en un bodegón de la calle Humboldt –de esos pocos que sobreviven con mozos de
75 años, flan casero recargado y mantel de hule-, a punto de ponerse en la piel
de un abogado (otro más) para una película que se estrenará recién a fin de año
y con otro film recién estrenado en cartel (“Tesis sobre un homicidio, un
thriller psicológico en el que también interpreta a un hombre de ley
obsesionado con un alumno), Darín pertenece a una generación de la que no se
siente muy orgulloso. Nacido en 1957, el actor no está conforme con el mundo
que les deja a sus hijos.
Darín:
Los chicos se llevan la peor parte. Yo no lo he dado un buen ejemplo a mis hijos.
Mi generación no lo ha dado.
Brando:
La anterior a la tuya sí lo dio.
Darín: Nuestros
padres fueron heroicos.
Hijo de
un actor que además de bohemio y austero también era poeta, Darín ya no abriga
esperanzas en esta especie. Su padre, con una larga trayectoria en radio y
teatro, lo trataba de usted y siempre le repetía una frase que muchas veces
para él era inaprensible, tal vez inexplicable, pero que cuando murió, el
enorme significado que tenía cayó con todo su peso sobre él: “No tenga nada,
porque todo esto es mentira”. El día que falleció, Darín y sus hermanas fueron
a retirar sus pertenencias de la pieza en la que vivía. Allí, atravesado por el
dolor, en medio de ese cuarto sobrio con aroma a muerte, Darín se dio cuenta
que su padre había tenido para sí esa frase como máxima: “No tenía nada, pero
no tenía nada en serio. Dos pares de zapatos, dos sacos, dos camisas. Había
sido íntegro hasta las últimas consecuencias. Me quedé sentado en su cama
mirando todo. Fue una lección tremenda”.
¿Qué
brecha es la que se abre, qué abismo aparece adelante cuando un padre da un
ejemplo de vida –y de muerte- como ése y un mundo que no solo no le va en saga,
sino que viaja a toda velocidad hacia las antípodas de esa heroicidad moral? En
algún lugar, Darín cree que hay un agotamiento y un declive inapelables, y que
si dentro de un tiempo nadie hace nada, no nos van a reconocer ni por la
dentadura. Como si habitáramos un país que nunca pierde la oportunidad de
perder una oportunidad.
Darín: ¿Cómo
puede ser que nosotros que tenemos un país de la gran puta con gente
fantástica, salvo algunos diseminados por ahí que son unos boludos o unos
mierdas, cómo puede ser que estemos parados sobre este suelo cuando la gente
que vino acá, los inmigrantes, se pensaron que estaban en el paraíso? ¿Cómo
puede ser que nosotros no nos pongamos de acuerdo para administrar con
corrección y respeto por todo. ¿Qué es esto de que yo te gané y me agarró los
huevos y me cuelgo del alambrado? Es ridículo. Eso es como desconocer que la
bocha siempre está girando: va y viene.
Brando:
Como si el clima de rivalidad no pudiera dejarse de lado nunca.
Darín: Claro,
está planteado con un infantilismo terrorífico. Porque solo los niños pueden
ser tan crueles. A mí me preocupa esto de que tenés que ser de uno o de otro.
No tener derecho a tener una posición. ¿Pero quién sos? ¿Qué te pasa?
Brando:
En ambos lados son iluminados.
Darín: Esas
cosas hay que ser muy claros y muy lúcidos para no dejarse engañar. Estamos
viviendo un momento bisagra. Creo que este gobierno tiene la oportunidad
histórica, porque creo que todavía la sigue teniendo, de decir bueno muchachos,
tenemos este país, terminemos con los prejuicios heredados, saquémonos la
careta y vamos para adelante. Un plan. Ideas. Tiene la oportunidad histórica de
hacer un gobierno de convocatoria. De decir: “Vení”. Que en realidad, fue lo
que hizo Néstor con la transversalidad. Así construyó el poder.
Brando:
El tema es tolerar lo distinto, ¿no?
Darín: Mirá,
¿yo sabés por qué hice 12 años Art? Porque contrariamente a lo que todo el
mundo creía que hablaba de la amistad, yo siempre fui un convencido de que ART
hablaba de algo que nunca va a desaparecer que es la intolerancia. No admitir
que el otro puede pensar distinto. Es una obra que tiene una vigencia que nunca
va a perder.
Brando:
Habla de la condición humana.
Darín: Como
si hubiera gente que quiere una cosa distinta a la que quieren otros. Si todos
queremos lo mismo. Vivir en paz, trabajo, educación. Todos hablan de Cristina,
pero yo no sé si el tema es Cristina. Yo creo que ella tiene un grupo de
asesores que están todo el día laburando, o haciendo que, y son los que le
llevan la comida pre digerida, me parece que a esos hay que hablarles, pero no
estoy seguro que ellos quieran escuchar a nadie. Yo creo que están jugados.
Brando:
Hay mucho fanatismo ahí también.
Darín: Desde
afuera se ve que estamos en el fondo del mar. Yo quiero que le vaya como los
dioses. Yo quiero que timonee, que convoque, que baje la adrenalina, que llame
a una reconciliación. ¿Cómo puede ser que, entre la gente común, haya amigos
que no se dirigen la palabra? ¿Sabés hace cuanto que no pasaba eso?
Brando:
Como en las familias, eso también está ocurriendo…
Darín: Claro,
no se pueden juntar porque se agarran a trompadas.
Brando:
La soberbia del hombre.
Darín: Diferencias
siempre existen. Siempre. Pero lo que hay que preguntarse es cuáles son los
otros objetivos. Hay que ponerse de acuerdo con eso, y ahí hay muchas
divergencias, porque hay gente que le interesa todo un sorete y de verdad le
chupa un huevo que haya pibes con los ojos hasta las rodillas a las 4 de la
mañana en las esquinas. Creen que desatendiéndose de eso y atendiendo su casa
están protegiendo su quinta. No entendieron que el axioma funciona exactamente
al revés. Pero hablás de eso, del amor, y te ponen unas caras… Como que dicen:
“Bueno, lo perdimos…”
Aún
cuando no es muy afecto a promocionar esas iniciativas, Darín tiene una larga
trayectoria de compromiso social y solidaridad. Desde hace ya varios años que
estableció una amistad con Juan Car, líder de Red Solidaridad, con quien al
menos una vez al año organizan festivales para recaudar fondos que sirvan para
la ayuda humanitaria. Hilarantes pero no por eso menos efectivas, son ya históricas
sus participaciones en el programa “Tenis por la vida” en las que empuñaba una
raqueta junto a Emilio Disi, José Luis Clerc o Martín Jaite. Hasta no hace
mucho, enfrente de su casa una pintada anunciaba: “Gracias Ricardo Darín por
ayudar a los whichis”. Esa hospitalidad silenciosa es parte indisoluble en la
vida de Darín. Todo el tiempo, a toda hora. Enterados de esa sensibilidad, pero
sobre todo considerando los altísimos niveles de aceptación y de buena imagen
que tiene el actor, no fueron pocos los políticos que se le han querido
acercar, incluso bien encumbrados. El se sentó con algunos de ellos, pero la
mayoría de las veces se levantó espantado.
Brando:
¿Qué te dicen tus amigos o allegados cuando les hablás de recuperar el amor?
Darín: Se
me cagan de risa en la cara… ¡Obvio! Pero ojo, yo hablo del amor en el sentido
más primitivo del término. No quiero odiar al tipo que piensa diferente, que se
viste diferente, que hace todo diferente a lo que hago yo. Tengo que intentar
de entenderlo, porque estoy seguro que tenemos algo en común, pero no nos lo
permiten.
Brando:
Hay un desprecio que estuvo macerándose en la gente, pero también parece que
hay algo perverso en la condición humana. El escritor español Juan José Millás
dice algo interesante: “Al ser humano no le alcanza con ser feliz, para que su
dicha sea completa tiene que ver la desgracia del otro”.
Darín: Es
lo mismo que el dicho ese: “Siéntate en la puerta de tu casa y verás pasar el
cadáver de tu enemigo”… A mí me llama mucho la atención ese fanatismo ¿Qué pasó
con las mentes abiertas?
Brando:
En las redes sociales, eso se exacerba.
Darín: Hay
una estigmatización, con un nivel de violencia increíble. Las redes tienen una
condición de anonimato que protege. Una vez Pedro Almodóvar dijo en una marcha
contra la Guerra en España: “Tenemos que tener mucho cuidado con el odio.
Nosotros no podemos inspirar y fomentar el odio, porque el odio es la única
cosa que nunca se olvida. El amor pasa, todo pasa, pero lo único que no pasa es
el odio. Y nosotros enviando soldados a una guerra que no es nuestra estamos
fomentando un odio a nuestro país que no nos pertenece”. Esto es un poco lo
mismo.
Brando:
El dolor es un sentimiento más profundo que la dicha que genera la felicidad.
Darín: Yo
soy esa clase de boludos que, por mi generación, me la pasé esperando que
llegue el tan famoso año 2000, porque todos imaginábamos que en ese año 2000 se
iba a cumplir lo que decía Perón: “O unidos o dominados”. Yo esperaba en
términos de especie humana, dándonos cuenta de todos los errores, que nos iba a
ayudar a mirar para adentro, reflexionar y decir: “Che, esto no está tan bueno.
¿A quién le sirve?”. Yo, con mi espíritu un poco renacentista y un poco
hippie, esperaba que nos miráramos y
decir basta. No solo no pasó, sino que a la vez al haberse desordenado el
tablero con la caída del Muro, que en un punto aquel contrabalance era
saludable, y el 2000 nos agarra más en bolas: no hubo una puta sana idea
globalizadora en ninguna dirección. Los países más industrializados que son los
que más aportan a la contaminación son los que deciden no formar parte de la
discusión sobre… la contaminación. ¿Me estás jodiendo? Es ridículo. Ya no es
Argentina. La bajada de línea es que la salvación es individual.
Brando:
Sos un iluso…
Darín:
Porque hablo del amor en términos institucionales. Yo, para querer a mi ciudad,
tengo que sentir que la ciudad me quiere a mí.
Para sentir que yo pertenezco a ella tengo que estar en sintonía, y así
con el país.
Brando:
Pero hablar del amor es como predicar sobre Jesús en un cabaret.
Darín: Y
sí, pero aun a riesgo de ser considerado un pelotudo, creo en serio que si no
bajamos la adrenalina con eso de que soy el más vivo, el que se las sabe todas,
y no nos empezamos a escuchar, especialmente a los que piensan distinto, no
funciona. Escuchar solo a los que piensan como nosotros es como hacerte la
paja. Yo quiero que alguien me diga: “Yo no quiero educación para todos” “¿Por
qué?” “Por esto, por esto y por esto”. “Ok”. No es fácil, claro. Pero el
ejemplo en este caso es siempre verticalista: vos tenés que tirar una onda
desde arriba. No podés ofrecer confrontación. Un funcionario público que forma
parte de un gobierno democrático no puede salir a cagarse en un ciudadano
porque piensa distinto, tiene la obligación de coserse el culo con hilo de
matambre, tratarlo como si fuera una señorita y dar un ejemplo de cómo se debe
hablar en un medio de comunicación. Porque entonces para que yo aprenda, que
soy una bestia, que a pesar de que existen tipos que opinan todo lo contrario, hay
una manera de que la cosa funcione. Hay que hacer como dicen que van a hacer en
España: cuando vos asumís como funcionario, automáticamente tu familia pasa a
ser atendida por la salud pública y tienen que estudiar en la escuela pública.
Parece un poco totalitario, pero es una buena propuesta. “Vení a vivir un poco
de este lado”. Van a estar obligados a pensar en los demás.
Brando:
¿Qué cosas te irritan?
Darín:
Yo quisiera que alguien me explique el tema del crecimiento patrimonial de los
Kirchner. ¿Cómo no se les cae la cara de vergüenza? ¿Cómo puede ser? Que
alguien me explique… Lo dicen con una soltura. “No, no: yo tengo 14 autos…”
Brando:
Es violento.
Darín:
Eso es violento. Y además le estamos pidiendo a los mismos de siempre, o sea, a los pobres, que sigan soportando.
Brando:
Por un lado un crecimiento patrimonial obsceno y por otro viajamos como
sardinas en los trenes.
Darín:
El otro día se dieron cuenta que las llaves que había que cambiar en los rieles
eran de 1931. Con cables que están enfundados en tela…
Brando:
Lo curioso es que señalar esto no significa desaprobar otras cosas positivas,
pero la reacción a veces es tan virulenta que termina desalentando cualquier
crítica hecha con buena leche.
Darín:
Claro, lo raro es que probados intelectuales, con grandes archivos, que se han
dedicado en el pasado a investigar en el crecimiento patrimonial de muchos
funcionarios, hoy en día no estén para medir lo que pasa hoy. Es sospechoso.
Igual, me alejo del facilismo de que es por guita.
Brando:
Vos decís que no son solamente grupos de poder los que se pelean…
Darín:
Es una guerra esta, entre poderes. Qué se yo: yo creo que está bien que haya
una ley de medios, yo creo que está bien que no haya un pulpo que se quede con
todo. Lo que no comparto tanto es que esté todo direccionado a combatir un
aspecto nada más, y no se considere el resto del panorama. O que se esté
beneficiando a otro sector para constituirse en el sustituto del monopolio que
vos querés combatir. Lo que no me gusta es la demonización, la casa de brujas.
Brando:
Pareciera que el microclima no permite mirar en perspectiva, sino todo lo
contrario.
Darín:
¿Sabés qué pasa? Vos te podés mandar una
cagada, se aprende mucho de eso. Pero no te creas nunca el más vivo, nunca
creas en los rankings. Yo me pregunto: ¿No hay nadie que vaya y le diga: ‘Oiga,
no diga esto. Va a herir susceptibilidades, va a dañar a mucha gente. Es mejor
decirlo de otra forma…’? Cobran sueldos monumentales. Tienen secretarios. Son
gente que se dedica a asesorar.
Brando: Bueno, vos pedís amor pero eso es
precisamente lo que son incapaces de dar. El amor sólo aparece esporádicamente
en situaciones de solidaridad.
Darín:
Sí, y los primeros que salen a ayudar son los tipos que menos tienen. De ellos
hay que aprender.
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