lunes, 17 de marzo de 2014

Ampliación del campo de batalla

En uno de los tantos perfiles que hizo para la revista El Hogar en la década del 30, Jorge Luis Borges describió de este modo al historiador Lytton Strachey, héroe académico de la Inglaterra victoriana. “Era alto, demacrado, casi abstracto, con el fino rostro emboscado detrás de los atentos anteojos y de la rojiza barba rabínica. Para mayor recato, era afónico.”
Aun a riesgo de que parezca un despropósito o incluso irrespetuoso, si nos atreviéramos a robar descaradamente a Borges para retratar a El Soldado (Rodolfo Luis González), podríamos decir que es alto, trigueño, muy preciso, con el fino rostro emboscado detrás de unos sempiternos rizos largos. Como único recato, es casi inaudible.
¿Por qué Borges –y ese Borges– para semblantear a un músico nacido en Mataderos hace 47 años, que fue plomo de una banda mítica, que editó tres discos pero que hace más de seis años que no saca uno?


No hay comentarios:

Publicar un comentario