martes, 30 de abril de 2013

El rubio del JB


San Telmo y el bar languidecían, y el tipo entró sin ver, ajeno a lo que pudiera encontrarse. Un detalle lo revelaba: entró fumando. Era una noche de jueves de febrero y ya estábamos por cerrar. Yo revisaba unas cuentas, Comequechu terminaba de ordenar, Sol acomodaba unas sillas.
El tipo se paró frente a mí, del otro lado de la barra. Llevaba una camisa arrugada pero de buena calidad y unos lentes pequeños de marco negro. Era flaco, y además de la tímida barba, una sombra de tristeza atravesaba su cara.
—Hola, quiero una habitación—, dijo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario