martes, 25 de junio de 2013

Alquimistas de la nueva ola

Illya Kuryaki & The Valderramas

Publicado en revista Brando en mayo de 2013


“Cuando nos separamos no éramos tan populares como somos ahora”, dice Dante Spinetta, inclinado sobre un plato de pollo con arroz y abundante queso. Escuchándolo, no queda otra que aceptar aquello de que la muerte coloca a las personas en una categoría superior. En el caso de Illya Kuryaki & The Valderramas, la banda que Spinetta hijo y Emmanuel Horvilleur formaron a comienzos de los años 90 unos minutos después de dejar de ser púberes, los más de 10 años que transcurrieron de separación (2001-2011) sirvieron para legitimar y resignificar su lugar y su obra. El futuro les tenía preparado el reconocimiento.  
Esa década en solitario tuvo de todo: rupturas sentimentales, hijos, muertes, piruetas, trabajo, la vida misma. Como las moléculas de metal líquido del cyborg de Terminator 2, que cuando están disueltas rápida y desesperadamente se buscan entre sí para fusionarse y volver a ser, pareciera que entre ellos hay un mandato atávico que los antecede o los trasciende y los empuja a unirse y producir. Ahora, juntos, parecen más completos.
También en el medio, la industria discográfica se transformó por completo. Una industria que conoció su pináculo en los 90 (nunca se vendieron tantos discos en el mundo) y que 10 años más tarde se había convertido en una maquinaria balbuceante con necesidad de cambio para no morir. Hoy lo que mantiene el negocio es, justamente, “el vivo”. Y si el negocio pasa por ahí, IKV está de parabienes: en el escenario producen un sonido colosal, una cabalgata de cuerdas y sintetizadores conducida por dos tipos que, se nota en el show, tienen el carisma intacto. Lo demostraron durante todo el verano y lo dicen los especialistas: son la banda que mejor suena en directo en la Argentina.

Sentados en un bar de Colegiales, charlamos un poco de todo eso, de las transformaciones del negocio, de lo que dejaron a sus espaldas, de la niñez y la amistad sempiternas, de lo que esperan, de estos treintaypico largos que transitan sin que se les note.
Brando: En estos diez años, más que el público o ustedes, lo que más cambió fue el rubro en el que están insertos. ¿Cómo ven el futuro de eso?
E.H: Creo que las bandas que tienen un presente grande funcionan como Pymes. No hay otra posibilidad, no puede funcionar de otra manera. El show pasa a ser el bien ganancial más grande que tiene una banda. Después todo lo demás son negocios importantes pero adyacentes de lo que es el show en vivo.
D.S: En los 90 el disco era un negocio groso. Hoy ya no.
Brando: Pensemos solamente que en un solo año, entre el 91 y el 92, Nirvana saca Nevermind, Pearl Jam, Ten, Metallica el Black Album, Guns N’ Roses Use Your Illusion y Red Hot Chili Peppers editó Blood Sugar Sex Magik. Eso sin contar a Michael Jackson. Millones y millones de discos vendidos. Diez años después la industria colapsa.
D.S: Sí, increíble. Pero es así: hoy los discos son la plataforma para expresarse y mover todo el material nuevo, pero no es el negocio que era antes.
Brando ¿Se acuerdan cuando Radiohead colgó In Rainbows para que el público lo descargara pagando lo que consideraran adecuado? Hace muy poco en un reportaje en The Guardian Tom Yhorke dijo que no estaba del todo convencidode  que eso haya sido una buena decisión, habida cuenta de que si bien habían evitado que la industria discográfica se quedara con la parte del león de la ganancia de la música, también habían favorecido la consolidación de otros monstruos como Apple o incluso Google.
D.S.: Es que el cambio es muy grande, pero creo que Internet se va ordenar de otra manera. Pienso que en algún momento vamos a decir: “Che, boludo, ¿te acordás cuando te podías bajar todo?”. Cuando realmente esté elaborado el concepto de identidad digital, pero de una manera más precisa, toda cagada que te mandes va a ser una acción legal, que en realidad es lo que corresponde. Digamos: todos nos bajamos música, ok, pero la verdad es que se va a regular de otra manera.
Brando: ¿Y a ustedes en qué los afecta todas esas transformaciones?
D.S: Nosotros seguimos preocupados en seguir haciendo discos como podemos. Cuando tenemos más guita, hacemos un video más grande. Cuando tenemos menos, más chico. Así fue siempre. Esa es la verdad. Nos fuimos adaptando. Los años solistas nos hicimos muy de abajo. Y sí. Recién con mi último disco me fue bien. A Ema le había ido mejor antes, pero yo me tuve que bancar todo yo. Y me imagino que si para mí, que venía de vender 600 mil disco con IKV, fue difícil, qué queda para un pibe nuevo. Pero bueno, todo eso me sirvió para meter la cabeza en otros aspectos del negocio que a mí nunca me habían interesado mucho.  No te queda otra que estar metido. Eso sí, el día que decís que tenés que hacer un tema para hacer guita, ahí te tenés que poner un lindo traje, subirse a un 10 piso de un edificio del centro, y tirarse de cabeza.
Brando: Cuando se separaron no hubo conflictos, por ende, pareciera que casi se dio naturalmente volver a estar juntos. ¿Es así?
D.S. Pasaron 10 años y cada uno quería hacer su camino y experimentar. Se vio también en la carrera. Ema fue más para el rock y el pop, yo fui por lo urbano. En un momento el desafío fue armar la banda. Se dio que nos empezamos a juntar, a tocar un poco más en la casa de un amigo. Y lo del funk siempre nos gustó a los dos y sabíamos que si nos juntábamos podíamos ir por ahí. Y también creo que nos tenía que ir bien a los dos como solistas para no sentir que nos juntamos habiendo perdido. Nos fue bien y teníamos la sensación de haber cumplido y hacer de nuevo Illya Kuryaki.
Brando: No era un salvavidas sino un objetivo.
E.H: Y un desafío también. Volver a hacer un disco después de tanto tiempo. Volver a recrear esa química.
D.S.: Podía no suceder. Tal vez alguno podía no estar dispuesto a ceder ciertos aspectos artísticos. Pero la verdad que nos encontramos sin egos, de nuevo con la sensación de experimentar y jugar. Antes de anunciar que volvíamos, nos metimos en el estudio y una de las primeras cosas que hicimos, el tema Los Helicópteros, salió con la misma esencia. Estaba todo ahí. Ya con esta canción dijimos “podemos juntarnos”.
 Brando En relación al público. La música de ustedes hoy es más aceptada.
E.H Es que el mundo se acostumbró al mestizaje.
D.S. Igual, nos sigue pasando que seguimos chocando con un montón de partes de la industria, con cosas que nosotros no lo podemos creer todavía.
E.H. De todas maneras, en cada escenario que nos subimos la respuesta es buena. Hay canciones que tienen más de 10 años pero tienen una forma renovada.
Brando Hubo resignificación de su música por un lado, y por otro, el humor que utilizaban, eso de jugar con el sonido de algunas palabras, se volvió más masivo.
D.S. Creo que nuestro concepto maduró. Estamos parados en un lugar muy favorable, porque gozamos de un respeto muy grande. Igual, cuando salimos al escenario salimos a conquistar cabezas. Los shows hoy son lo más importante. La parte más divertida de todo esto es cuando te entregan el disco y lo ves por primera vez, y después empezar a tocarlo en vivo. En Cosquín dijeron que nuestro show había sido el más importante del Festival. Eso nos llena de orgullo.
E.H: Los shows son como batallas por la gloria. Y somos 11, como un equipo de fútbol. Fuimos haciendo algunos cambios y ahora es un team bastante cerrado. Se armó.

*****************
Siempre hubo un malentendido con relación a IKV. Porque mientras una parte de la opinión pública musical los saludada como los nuevos Mesías, otra, más grande y más gritona, los denostaba por frívolos o snobs. A fin de 1995 por caso, en plena época de efervescencia del rock barrial, con Los Redondos en estado de gracia y Divididos o La Renga llegando al cenit de sus carreras, IKV fue elegida la mejor banda del año por el suplemento Sí! de Clarín. Aún cuando no era una banda de estadios –si bien su disco Chaco había vendido muy bien-, aún cuando una parte importante del público los miraba de reojo y con desdén, ellos eran consagrados por muchos de sus pares. El hip hop sudaca pulsaba la cuerda del mundo. A los pocos meses, el documental “Mejor hablar de ciertas cosas” (MTV) ponía esa bipolaridad en la palestra: en una escena, Luis Alberto Spinetta aseguraba que lo que hacían Dante y Emanuel tenía un “aspecto transformador” que no se veía desde la irrupción de Lito Nebbia en el rock. Es cierto, L.A.S. no dejaba de ser un padre nublado por el cariño, pero también la frase no hacía más que subrayar un aspecto del gen Spinetteano, eso de que “mañana es mejor”. A los pocos minutos en ese mismo documental, Germán Daffunchio, epítome de  la ortodoxia rockera, cantante de Las Pelotas y ex guitarrista de Sumo, resumía, desencantado, la vacuidad de los tiempos con una frase lapidaria: “Por algo el hijo de Spinetta no es como él”. Conservador y fatalista, el rock se resistía a que lo “abarajen”.  
Para colmo, en vivo, ellos desplegaban una estética que oscilaba entre la ambigüedad, el glamour y la transgresión módica: apretujados en cuero, peluche rosa, plataformas y delineador, derrochaban libertad, humor y desenfado por todos sus poros. Había llegado la posmodernidad a la música: la hilaridad y el absurdo viajaban sobre un par de negros compases trepidantes. Todo un imaginario y una iconografía ligada al comic, la mala televisión y el cine bizarro se mezclaban con la música negra americana para pergeñar esa criatura deforme, sensual y urbana llamada IKV. Las chicas aullaban y el rock chabón les gritaba putos. Bienvenidos a la jungla.
Brando: Pareciera que desde el comienzo pagaron un precio por hacer, y por ende intentar imponer, una música incómoda para cierto sector del público. ¿Lo ven así?
Spinetta: Pero para nosotros fue algo natural. Cuando empezamos éramos muy chiquitos como para darnos cuenta de qué era lo que estábamos haciendo. Es más, no sabíamos que lo que hacíamos era rap. Vino mi viejo y un día nos dijo: “Che, esto que están haciendo se llama rap”. Somos una banda que siempre estuvo influenciada por lo que pasaba afuera, pero también por lo que pasaba adentro. Veníamos de casas donde había mucha información. Cine, libros, música. Y sin una ley. La música se hacía porque te permitía volar. El mundo era nuestro escenario para ello. Más que buscar encajar en una movida local, buscamos encajar con lo que realmente sentíamos, esa especie de mestizaje musical que ahora es clave en la banda.
Horvilleur: A la vez, creo que somos una banda que arrancó musicalmente haciendo algo que sí, era nuevo, pero también es cierto que con el paso de los discos fuimos haciendo un revisionismo, que tal vez hasta ese momento en la música no se había dado de una manera tan marcada. Los 90 revisaron un montón de estilos, pero a la vez tratamos de crear algo nuevo. IKV también se hizo fuerte con todo lo que nos había influenciado. El soul o el funk fueron importantes.
Spinetta: Del mismo modo, gracias al rap nosotros empezamos a descubrir un montón de bandas de soul. Cuando arrancamos a escuchar Dr Dre también descubrimos a Roger Troutman y empezamos a descubrir ese tipo de música, junto con la música de Michael Jackson o Stevie Wonder, que era música que ya veníamos escuchando, a pesar de que no lo sabíamos. A mí me pasó que cuando empezaron a salir todos los CD’s de Wonder los empecé a comprar y, cuando los empecé a poner, me di cuenta de que los sabía enteros, porque desde chiquitito que los escuchaba y no me acordaba. Toda esa data te queda, y después le ponés tu impronta.
Brando: Al ser el rock un territorio plagado de prejuicios, parecía que tu viejo escuchaba Manal o Credence y vos escuchabas toda música negra, cuando en realidad había muchos más lugares de encuentros. ¿Es así?
D.S: (Riéndose) Mi viejo creo que nunca escuchó esa música. Mi viejo nunca escuchó Pink Floyd. Que se yó, escuchaba Mint Condition (banda de R&B de Minnesota), ponele. Steve Wonder, también, y mucho más. El era una usina de música y de data.
E.H.: Y también de libertad.
D.S: También había cosas que nos criticaba, claro. Al principio teníamos letras muy violentas, y nos criticaba. A nosotros nos chupaba un huevo, como cualquier hijo con su padre cuando el padre dice “no”.
E. H: Ellos ya habían tenido sus hijos, ya se habían sensibilizado con algunas cosas. Nosotros todavía no teníamos nada y bueno… Por eso hacíamos letras violentas. Igual… Poscrucifixión no es una letra muy blanda (Risas).
D.S: Claro. Nosotros sabíamos que era nuestra movida, siempre. Nos criaron también con esa fuerza de creer en nosotros y darle para adelante. Había cosas que hicimos mejor que otras, claro, pero creo que fuimos una banda que aprendió en el camino. La evolución está en cada disco y creo que es bastante notable. No fuimos una banda que estuvo años para sacar un disco, sino que arrancamos primero que nada sacando un disco. Casi no sabíamos de instrumentos.
Brando: Recuerdo una tapa del Sí! de Clarín en la que ustedes aparecen con 14 y 16 años y por primera vez la prensa se adueña de una frase ricotera: “El futuro ya llegó”. Es que era evidente que eso, al fin, había pasado. Los hijos habían tomado el centro de la escena.
E.H: Es cierto: somos la generación de “hijos de”, pero bueno, tuvimos que hacer algo con todo eso y por suerte lo hicimos. Hay un montón de contemporáneos a nosotros que también son hijos de. Con nosotros toca Matías Rada, por ejemplo, que es hijo del Negro Rada, guitarrista y un talento muy groso. Y también Francisco Fattoruso, hijo de Hugo, que es otro groso.
*************************
Castelar, fines de los años 80. Es el reinado de las caseteras y de los videoclubes. Dos adolescentes, hijos de artistas, gastan las tardes de verano en la quinta de Emanuel, el más grande de ellos, viendo películas clase Z. Lo disfuncional, lo extraño, lo vulgar y lo extravagante genera en ellos una excitación particular: les divierte el mundo teñido por lo desperfecto y lo anómalo. La cultura oriental, las artes marciales y el sexo implícito humedeciendo los relatos y las tardes suburbanas. Todo eso batido con dosis de Prince y James Brown.
D.S.: Cuando éramos chicos íbamos al videoclub y terminábamos alquilando siempre la más trucha. Y así hemos desarrollado un humor muy particular. De mirar ese mercado de segundamano que hoy en día se hace mucho, desde Tarantino en adelante. Nos sigue pasando que nos enganchamos con algunos programas así en la tele y nos llamamos para decirnos: “Che, boludo, poné Crónica TV y mirá la bizarreada que están pasando”.
Brando: Como que no había manera que fueran una banda de rock clásica.
D.S: Capaz que hubiese sido más fácil para nosotros ser una banda de rock clásico. Nos encontramos muchas veces con el prejuicio por la música que hacemos. Y lo seguimos enfrentando hoy en día, cuando hacemos un tema y sabemos que en la radio no te lo pasan “porque sos muy alternativo”. Seguimos teniendo fuerza: cuando entramos al estudio seguimos siendo los dos niños que éramos en Castelar cuando dijimos “Che, vamos a armar una banda y vamos a llenar Obras”. Tenemos esa misma fuerza de tirarnos de cabeza a lo que queremos.
Brando: ¿Les pasó de hablar con productores o gente de la industria que intentaron imponerle un registro más hitero a sabiendas de que funcionaría más masivamente?
D.S: Me acuerdo de un tipo de la compañía del primer disco que nos dijo: “Chicos, uds van a sacar este disco y ya está. Aprovechen el momento”. Nosotros nos cagamos de risa, porque unos años más tarde salió Chaco, nos lo volvimos a encontrar y habíamos vendido 250 mil discos, con la banda arriba y llenando en todos lados. Nosotros éramos tan chiquitos que tuvimos mucho tiempo para crecer en el camino.
Brando: Pero por otro lado también hay muchos ejemplos de gente que tiene éxito muy joven y que, por eso mismo,  sus vidas se arruinan…
E.H.: Pero nosotros no nos podemos permitir creérnosla demasiado. El ejemplo de Spinetta fue muy fuerte.
Brando: Había una ética ahí.
D.S: Claro, la cultura del trabajo.
E.H: Cultura del trabajo y un montón de valores que mamamos. El arte, para nosotros, paga. Es un alimento muy grande. Una manera de descargar un montón de cosas. La posibilidad de expresarnos a través de la música es bendita. Yo sería una persona mucho más nerviosa. Si no tuviera la posibilidad de agarrar una guitarra y tocar no sé…
Brando: Placer y terapia en un trabajo.

E.H.: Total.