Muchos años después de pisar un escenario por última vez, de ser un asalariado de la industria de la construcción, de licenciarse en filosofía, de aspirar a varios cargos representativos en su ciudad, Detroit, y jamás ser elegido para alguno; treinta años después de tocar en la calle, de ser comparado con Bob Dylan, de grabar dos discos que, creía, a nadie le importaron, de casarse, tener hijas, después separarse y vivir en la misma casa que compró por 50 dólares a mediados de los ’70, Sixto Díaz Rodriguez (70), sexto hijo de una familia de origen mexicano, se convirtió en una estrella planetaria. Su vida, su aventura, tiene los colores de las mejores fábulas.
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